UN ABRAZO AL EMBARAZO
En el antiguo Egipto, el embarazo y el parto iban acompañados de rituales y conjuros, dados los numerosos peligros que acechaban a la madre y al niño.
Para determinar la existencia de un embarazo, las mujeres orinaban sobre granos germinados de cebada y de trigo. Si crecía la cebada, significaba que nacería un niño; si crecía el trigo sería niña. Si los cereales no prosperaban, la mujer no estaba embarazada.
Tener un hijo nos cambia la vida. El rudimentario test de la cebada y el trigo da paso a un aparatito muy curioso.
Tras conocer la noticia emerge una mezcla de emoción, duda, llanto e incluso un angustioso sentimiento de responsabilidad.
¿Tan difícil es traer un hijo al mundo?
Si tenemos en cuenta la situación actual, podríamos responder que si.
No por lo que supone la gestación y el parto, más bien por la que se avecina. Los niños actuales nacen con gustos propios y una exigencia fuera de lo común. Ser padres y educadores es una apuesta fuerte que no asegura premio alguno.
Cuando un bebé decide llegar al mundo, la relación de sus padres se siente amenazada. La pareja intenta compactarse voluntaria o involuntariamente.
Llevar mal la noticia por una o ambas partes, desplaza momentáneamente la armonía y aviva las discusiones. La llegada de un hijo debilita o fortalece la relación de pareja.
En lo referente a la sexualidad también se dan las primeras discrepancias. La alteración hormonal en la mujer puede incrementar la libido o anularla. La paciencia del compañero se pone a prueba.
¿Merece la pena correr el riesgo?
¡Por supuesto que si! nadie dijo que la vida fuera fácil.
¡Es una aventura diaria!
"Dedicado a los papás, hombres fuertes de sonrisa dulce. Pendientes de sus cachorros y a la vez luchadores en busca de su destino"
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